“Conlleva demasiados detalles, no solo lo cultural, no solo lo religioso… hay muchas personas detrás de ello, y nosotros también hemos dedicado tiempo a hacer registro fotográfico como los bordadores, los carreteros, los danzantes… Vienen a contarte historias, historias familiares, descendencias, legados.”
Esa sensibilidad es la que guía su lente. No busca solo captar danzas; busca retratar vidas que se entrelazan con la tradición.
Fotografiar el Carnaval, como él lo entiende, implica un proceso de aprendizaje profundo. “Ha sido un proceso hermoso… entrenar ese ojo, perfeccionarlo, mostrar los detalles en todo, tratando de sensibilizar o emocionar al veedor de nuestras postales.” Y es que Marcelo no solo dispara su cámara: observa, escucha y conecta con quienes danzan, ofrendan o simplemente sienten.
Uno de sus sellos es su capacidad de retratar los cambios: en los trajes, los colores, los personajes que aparecen en las caretas, incluso en los músicos. “Se nota todo ese proceso evolutivo”, explica. La fotografía, para él, es memoria visual del tiempo. “La fotografía es atemporal… siempre te va a mostrar cosas que antes no podíamos tener. Nos ayuda a comprender el proceso evolutivo que han tenido las danzas.”
Lo que más conmueve de su testimonio es el respeto que mantiene hacia los danzantes y su espacio sagrado: “Estando en el recorrido tienes que estar dentro de los danzarines. Pero todo espacio del danzarín es sagrado, entonces estaríamos rompiendo con eso.” Aun así, su cercanía le ha permitido retratar desde adentro: “Me ha tocado estar dentro de un bloque de morenos… se vive desde otra manera estando ahí.”
A nivel técnico, su secreto está en la preparación y la paciencia. Asiste a los ensayos desde noviembre: “Ahí es donde nosotros también aprendemos los tiempos… los momentos en los que sí podemos hacer una buena foto.” Gracias a eso, cuando llega la Peregrinación, ya sabe anticipar movimientos y capturar emociones reales.
Y cuando le preguntan por qué seguir, por qué volver año tras año, responde con una frase que resume lo que tantos orureños sienten: “Si la Mamita quiere, no voy a faltar este Carnaval.”
Para Alma Tunante, fotografiar el Carnaval de Oruro no es un encargo, es una promesa devocional. Es un acto de fe, de identidad y de amor profundo por su tierra. Su lente nos recuerda que hay imágenes que trascienden el instante, porque guardan en sí el alma de un pueblo.
Para conocer más sobre Marcelo Meneses, Alma Tunante, puedes escuchar el podcast de “Voces del Carnaval de Oruro” en el que le entrevisto.
Después de vivir el Carnaval de Oruro desde dentro, siento que fotografiar el Carnaval de Oruro es mucho más que una cobertura periodística o visual. Es una experiencia sensorial y espiritual que te exige estar presente, abierto y dispuesto a comprender una cultura desde dentro, de la mano de quienes la hacen posible.
No se trata solo de capturar imágenes. Se trata de devolver, con cada disparo, algo del respeto que la celebración merece tras siglos de historia y devoción.
Como fotógrafo y periodista de viajes, viví el Carnaval de 2025 como un aprendizaje continuo. Y hoy, desde estas líneas, me ofrezco para, si decides viajar a Oruro en Carnaval, contagiarte de mi pasión viajera y mi amor por esta tierra. Porque hay celebraciones que se viven con los ojos, pero se fotografían con el alma.